5 abr. 2010

Un Pequeño relato...


Cuando se dio cuenta ya se había perdido. El recién llegaba a la ciudad y no sabía más que el camino de ida y vuelta del colegio a la casa. “realmente estoy lejos” pensó al darse cuenta que los nombres de las calles en las que caminaba no se parecían en lo mas mínimo a la que nombraban usualmente sus compañeros de clases o incluso sus padres.
Solo había pasado un mes de que él y su familia se mudaron. El seguía molesto, ya que no creía necesario el hecho de dejar la antigua casa, amigos y familiares atrás. El no entendía los motivos que le daban los padres, en cierto punto es lógico, ya que es joven aun y no prestan demasiada intención a su entorno familiar.
Mientras el caminaba por esas calles, que no le parecían en lo mas mínimo conocidas, refunfuñaba por el hecho de que por culpa de esa mudanza el ahora estaba perdido. Cuando puso devuelta atención al camino que recorría, se dio cuenta que se aproximaba a una pequeña plaza. Entro en ella, se acerco a un banquito que había y se sentó a descansar un momento. En esos momentos empezó a reírse de manera pausada.
-¡No puedo creer que me haya perdido! – Pensó – y todo por seguir a esa chica.
Resulta que esa mañana, cuando estaba por salir del cole, vio que una de sus compañeras dejo olvidado uno de sus cuadernos. Él lo tomo y decidió dárselo. Al principio no se animaba, así que solo se limito a seguirla para esperar el momento adecuado. En un momento, sonó su celular, el lo atendió y cuando corto, la había perdido de vista. No sabía a dónde ir y menos donde estaba.
Y mientras el descansaba sentado en aquel banco y entre risas se pudo escuchar:
-¡hola! ¡No sabía que vivías por acá!
Era ella, ¡la chica del cuaderno!
-Eh… este… yo… no, no vivo acá. – Dijo con algo de vergüenza -  Es que me perdí. Toma, te olvidaste esto.
Entonces toma de su mochila el cuaderno y lo deposita en las manos de la muchacha que lo miraba extrañada.
-¡Mi cuaderno!, ¡gracias!, pensé que lo había perdido – dijo tomando el cuaderno y sentándose a su lado – Así que te perdiste tratando de devolvérmelo, que lindo gesto, gracias, se ve que sos un buen chico.
-Gracias – respondió con timidez – ahora tengo que ver como llego a la calle… espero que no sea lejos.
La pequeña muchacha sonrió con ternura y dijo:
-Esos es acá nomas, veni que te llevo.
Caminaron casi nada, y al llegar a la calle, ella levanto la mano señalando una pequeña casa diciendo:
-Esa de allá es mi casa, no me di cuenta antes porque no tomamos el mismo camino al colegio, el que haces vos es muy largo. Pero mañana podemos ir juntos así no caminas de mas. ¿Querés?
-dale, me encantaría- dijo mientras pensaba en lo cerca que estaba realmente de su casa, y de lo lejos que pensaba que estaba.
-¡buenísimo! Entonces nos vemos mañana, ahora me tengo que ir, nos vemos.
Dio un paso hacia su casa, pero volvió para darle un tierno beso en la mejilla e irse sin decir nada más.
El solo pudo responder a eso despidiéndose de la muchacha con un simple movimiento de mano. Al ver que se alejaba, se dio vuelta en dirección a su casa pensando:
-después de todo, no fue tan malo mudarse…

Martin N. Vargas

3 comentarios:

Dark Fenix dijo...

Me gustó mucho Pepo, seguí escribiendo ^^

Patty dijo...

Está re lindo ♥ Me encantaría leer más cuentos escritos por vos. Yo tuve el honor de leer este hace tiempo...

¡Besotes!

Anónimo dijo...

Muy lindoo :) mitras leia antes de llegar al final pensé lo mismo. "al final no fue tan malo mudarse" algo bueno le pasó :)
wan.